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Publicaciones de la Licenciada Claudia Messing

 

“SIMETRÍA ENTRE PADRES E HIJOS. Efectos de la mimetización inconsciente con el adulto a nivel emocional, educativo, vocacional y social.” Editorial Noveduc.

SIMETRÍA ENTRE PADRES E HIJOS. Efectos de la mimetización inconsciente con el adulto a nivel emocional, educativo, vocacional y social.

 

“DESMOTIVACIÓN, INSATISFACCIÓN Y ABANDONO DE PROYECTOS EN LOS JÓVENES. Orientación vocacional y vínculos familiares.” Editorial Noveduc.

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17 de Agosto de 2003. "El desafío de optar por una vocación"

La elección adecuada de una carrera en un mundo laboral en constante cambio constituye una decisión clave para los jóvenes. Dadas las circunstancias actuales, también puede serlo en otros momentos de la vida. En esta nota, especialistas en orientación vocacional explican cuáles son las dificultades en ese camino y cómo tomar esta decisión reduciendo los riesgos de fracaso en el futuro.

Las estadísticas muestran que en la Argentina el 20 por ciento de los estudiantes que se inscribe en una carrera cambia su elección en algún momento. En el CBC de la UBA ese porcentaje trepa al 30 por ciento. Además, hay altas tasas de abandono -de hecho, es bajísima la relación ingresos-egresos en la universidad pública-, aunque no se puede determinar con exactitud cuántos dejan por desilusión la carrera que eligieron y cuántos por problemas económicos, sociales o laborales.

Decidir no es fácil. ¿Cómo y por qué elegir una carrera?

Además de la compleja tarea que significa entrar en el mundo adulto, al joven que quiere ingresar en la universidad se le suma la angustia anticipada de lo que sucederá cuando finalice la carrera elegida, según el ritmo y dedicación que pueda dispensarle.

El riesgo está presente por partida doble, ya que por un lado hay que elegir y no arrepentirse después y, por el otro, no sólo recibirse, sino también trabajar de lo que se estudió.

Por eso, qué hay que privilegiar en la decisión, ¿la vocación o la salida laboral?

Las cosas han cambiado mucho desde los aún cercanos tiempos en que las personas elegían una carrera para toda la vida. El proceso de transición está hoy fuertemente atravesado por un escenario nacional e internacional de grandes y acelerados cambios que crean un clima de incertidumbre, cuando no de desesperanza y escepticismo.

Poco quedó de las llamadas sociedades de pleno empleo. "Lo sobresaliente en la actualidad es la exclusión social. Este es el rasgo dominante de estas nuevas sociedades tecnológicas y la incertidumbre frente al futuro es la que domina la vida colectiva", dice el psicólogo Sergio Rascovan, vicepresidente de la Asociación de Profesionales de la Orientación de la República Argentina (Apora).

La carrera que un joven elige a los 18 años sufrirá muchas modificaciones, y los trayectos profesionales tendrán un recorrido sinuoso, con muchas alternativas. "Por eso, más allá de elegir una carrera, habrá que estar preparado para adaptarse a los cambios. En algún sentido cada persona irá construyendo su propia carrera profesional, a partir de sus estudios, sus trabajos, sus experiencias de vida", dice Rascovan.

El mundo adulto

Las características que irán adoptando los itinerarios producirán una irreversible transformación de la noción de empleo vitalicio. En ese escenario deberá garantizarse el acceso a la capacitación desde el sistema educativo formal -escuela, universidad- para que a lo largo de la vida laboral las personas puedan emplearse en ámbitos ocupacionales cambiantes según las demandas productivas.

"¿Elegir hoy para toda la vida? De acuerdo con lo mencionado, en el presente importará más cómo recorrer un camino (proceso), ya que el punto de llegada dejó de ser un lugar seguro y estable", concluye Rascovan.

El mundo adulto significa, entre otras cosas, estar informados del fenómeno de la desocupación. Sin embargo, los orientadores vocacionales advierten, con justicia, que su papel no debe ser el de disciplinadores de la futura fuerza laboral. Deben, sí, informar sobre aquellas carreras y profesiones en las que se observa una expansión o crecimiento y, por lo tanto, también sobre aquéllas de menor demanda, pero sin que esto signifique una especie de mandato de lo que se debería estudiar para insertarse exitosamente en el mercado laboral.

Marina Müller, doctora en Psicología y docente de grado y de posgrado en Orientación Vocacional en las universidades del Salvador y Católica Argentina, destaca que vivimos en una sociedad muy compleja, de cambios acelerados, donde además de condiciones sociales, económicas y laborales de gran incertidumbre y riesgo, las personas se ven, cada vez más, lanzadas a situaciones de una gran exigencia de autogestión en cuanto a sus propios proyectos y a su posibilidad de incluirse, sostenerse y desarrollarse en el sistema laboral. "Esto se ve potenciado en ciertas etapas de la vida, como la adolescencia y la primera juventud, en que además la persona tiene la dificultad de definirse a sí misma, reconocer sus posibilidades y sus limitaciones, evaluar sus condiciones y sus competencias, conocer sus potencialidades, para construir con ello su propio lugar social."

Desmotivación

El deterioro de la escuela secundaria y la brecha de formación que existe con los estudios superiores se conjuga con la crisis de valores y los efectos desorganizantes y desmoralizadores de la desocupación, la crisis política y económica, la inseguridad, la impunidad, la violencia y la corrupción. "Hoy se sabe que un título superior no es garantía de trabajo, si bien es un requisito indispensable para intentar obtenerlo", sostiene Claudia Messing, psicóloga y socióloga (UBA) y directora de la Escuela de Posgrado en Orientación Vocacional Ocupacio-nal y Asesoramiento Familiar.

La devaluación de los títulos en función de su superabundancia y la falta de trabajo generan un efecto desmotivador en los jóvenes. Por otro lado, la misma falta de trabajo también los retiene en el mundo del estudio aunque no estén verdaderamente motivados. En los hogares castigados por la crisis se agrega la incertidumbre acerca de la posibilidad de continuar los estudios en función de la situación económica.

"No me refiero entonces a la tradicional desorientación vocacional por falta de información de las carreras, o falta de reconocimiento de los propios intereses vocacionales, ni a la elaboración de mandatos familiares, ni a los conflictos o dudas entre varias carreras, que también sigue existiendo -dice-. Estamos hablando de síntomas mucho más graves como la carencia y fragilidad de intereses vocacionales, de apatía, inmadurez, desmotivación, pasividad e impulsividad, situaciones fóbicas y fuertes dificultades ante el aprendizaje, y de carencia de recursos para vencer las dificultades que plantea la vida universitaria."

Messing pinta un panorama descorazonante: el de jóvenes que quieren seguir estudiando después del secundario, pero no se sienten atraídos en forma consistente hacia ningún campo ocupacional. Nada los convence, ni los seduce suficientemente. Algunos arrastran graves problemas de aprendizaje del colegio secundario. Otros no logran sentarse a estudiar, ni pueden concentrarse, ni mucho menos organizar un método de estudio medianamente eficaz.

Confluencia de factores

"Carecemos hasta el momento de estadísticas directas que permitan evaluar la magnitud de estos síntomas que detectamos cada día en el consultorio y en la vida cotidiana, pero podemos inferir su verdadera dimensión si pensamos que sólo el 11 por ciento de los ingresantes se recibe en las universidades nacionales y el 50 por ciento de los estudiantes deserta en primer año -asegura-. Es cierto que la escuela secundaria atraviesa una profunda crisis, pero la mala preparación con que los jóvenes salen del colegio secundario es también una consecuencia directa de los graves problemas de desubicación y confusión que los jóvenes arrastran de sus propios hogares, que no los preparan ni los predisponen hacia el aprendizaje."

Hoy se sabe que una persona que sale del secundario tendrá que cambiar varias veces de actividad ocupacional. Por eso, si bien lo más frecuente es hacer una consulta de orientación vocacional antes de terminar la escuela media, en realidad ésta se puede y se de-be requerir, no importa la edad, cada vez que se tenga necesidad de elegir una orientación, o de definir o redefinir un perfil laboral.

"La orientación vocacional ocupacional actual no es sólo para tomar decisiones frente al mundo educativo y laboral, sino muy especialmente para elaborar un proyecto de vida. Muchas veces las personas pueden elegir no elegir, o esperar cierto tiempo hasta su elección definitiva, o realizar un proyecto solidario, o comenzar un microemprendimiento, o realizar un viaje antes de comenzar sus estudios formales", dice Mirta Gavilán , titular de la cátedra de Orientación Vocacional y directora del Servicio de Orientación Vocacional de la Universidad Nacional de La Plata.

"Si nos referimos a la población adolescente, que quizá es a quien está dirigida la mayor parte del mensaje, lo más importante es realizar un camino interno (desde su subjetividad) y externo (desde lo macrosocial), que lo ayude a conocerse y a conocer, a pensar en su proyecto, que es uno de los pasos más importantes hacia el logro de su madurez personal. Porque poder tomar decisiones, pensadas, maduras, lo ayudarán a lo largo de su vida a tomar otras decisiones desde lo educativo, laboral, personal y social", concluye.

Clara Wolkowicz, coordinadora docente del Posgrado en Orientación Vocacional de la Universidad Caece y coordinadora del Servicio de Orientación Educacional (SOE) de la misma institución de educación superior, destaca la escasa información que pueden procesar los interesados en relación con la gran cantidad de carreras que ofrece el ámbito educativo de nivel superior y universitario.

La decisión acertada

A su entender, la edad ideal para consultar es un año antes de terminar la escuela secundaria. Es un momento en que el joven se encuentra en la etapa de tanteos en relación con la construcción de su identidad vocacional-ocupacional, por lo que se constituye en el momento ideal para reflexionar, sobre sus dudas en relación con su proyecto de futuro.

Teresa Martin de Segura, directora de la Revista Vocacional, que anualmente edita Guía de Carreras Universitarias y Guía de Carreras Cortas y Cursos, considera que el conocimiento de las alternativas de estudio, en cualquier momento de la vida, es el punto de partida para tomar una decisión acertada.

"Una vez que se tiene una visión global de la amplia y variada oferta educativa y se seleccionan las carreras que interesan, recomendamos visitar las instituciones educativas que las dictan."

Para Martin de Segura, la decisión por tomar sobre qué carrera seguir es un proceso que requiere estar bien informado y conocerse lo suficiente como para saber qué se quiere. "La orientación vocacional desempeña un papel fundamental acompañando y ayudando a trazar caminos. Es imprescindible cuando las personas se encuentran trabadas en algún momento de ese proceso y siempre debe ser realizada por profesionales especializados", asegura.

La orientación vocacional da muy buenos resultados puesto que favorece una decisión acertada en un momento clave en el que, junto con la elección de carrera, se arma un proyecto de vida. También previene las reiteradas equivocaciones que se traducen en cambios de carrera y aun en el abandono de los estudios.

Por Carmen María Ramos

 

 

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